jueves, 7 de mayo de 2009

Libro: “El Espacio Vacío” – El teatro sagrado

Otra manera de llamar al teatro sagrado sería teatro de lo invisible-hecho-visible. “Comprender la visibilidad de lo invisible es tarea de una vida. El arte sagrado es una ayuda a esto. Un teatro sagrado no solo muestra lo invisible, sino que también ofrece las condiciones que hacen posible su percepción.”

Si convenimos en que la mayor parte de la vida escapa a los sentidos,  se podría decir entonces que las artes dan modelos sólo reconocibles cuando se manifiestan en forma de ritmos o figuras. En ese sentido, un director de orquesta no hace la música sino que la música lo hace a él. “Si el director está relajado, receptivo y afinado, lo invisible se apodera de él y, a su través, nos llega a nosotros.”

“Aunque el teatro tuvo su origen en ritos que hacían encarnar lo invisible, no debemos olvidar que, a excepción de ciertos teatros orientales, dichos ritos se  han perdido o están en franca decadencia.”

Un ritual auténtico, una ceremonia auténtica, debe dictar y establecer, en todos sus significados, la forma del lugar en que se desarrollará. Además, parece haberse perdido el sentido del rito y del ceremonial. “[…] No sabemos cómo celebrar, ya que no sabemos qué celebrar.”

“Olvidamos que hay dos posibles puntos culminantes en una experiencia teatral: el de la celebración, con el estallido de nuestra participación en forma de vítores, bravos y batir de manos, o, también, en el extremo opuesto, el del silencio, otra forma de reconocimiento y apreciación en una experiencia compartida.”

Por otro lado, el propósito debe estar siempre presente. El teatro busca mover al espectador, llevarlo a la acción. Si se dispara una pistola apuntando hacia el espectador, no hay duda de que se causará una gran conmoción. Pero, ¿qué sigue a una conmoción? Justo en ese momento está la posibilidad de alcanzar al público de una manera distinta. Si se pierde ese momento, el espectador vuelve a su punto de partida y “no sucede nada”.  En el camino uno puede encontrarse disparando los primeros tiros sin saber hacia dónde se dirige. Ese camino conduce al “happening” (acontecimiento, suceso): sacudir al espectador de manera que vea con nuevos ojos, que despierte a la vida que le rodea.

Al intentar captar lo invisible no se debe perder contacto con el sentido común: “si nuestro lenguaje es demasiado especial perderemos parte de la fe del espectador". Shakespeare, por ejemplo, tenía siempre un objetivo sagrado pero continuamente nos envía “a tierra”. Tras hacer un esfuerzo para ver lo invisible, hemos de afrontar la derrota, caer e iniciar nuevamente la marcha.

“En el teatro, durante siglos, existió la tendencia a colocar al actor a una distancia remota, sobre una plataforma, enmarcado, decorado, iluminado, pintado, en coturnos, con el fin de convencer al profano de que el actor era sagrado, al igual que su arte. ¿Expresaba esto reverencia o existía detrás el temor a que algo quedara al descubierto si la luz era demasiado brillante, si la distancia era demasiado próxima? Hoy día hemos puesto al descubierto la impostura, pero estamos redescubriendo que un teatro sagrado sigue siendo lo que necesitamos. ¿Dónde debemos buscarlo? ¿En las nubes o en la tierra?”

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